
Voy a recordar este lugar como el lugar de las transiciones, el lugar de los malos recuerdos y el lugar de los buenos productos. Este es el lugar de la hiedra venenosa, sin la cual no pueden crecer las rosas.
El lugar de ayer lo voy a recordar como el jardin de las rosas. El jardin que huele tan dulce que el olor te marea. Cómo voy a extrañar el olor y los dulces y el color rosa.
Mañana, me voy a despertar en un lugar en el cual no voy a tener tiempo de sentarme a oler las rosas, o a examinar la hiedra. No voy a poder degustar de las peculiaridades de un jardin porque voy a estar muy concentrada en el presente de mi futuro. Voy a estar muy ocupada extrayendo el jugo de los frutos. De los frutos que coseché en aque jardin donde había rosas, demasiadas rosas, quizas. De los frutos que maduraron al lado de la hiedra venenosa.
De los frutos que logran brillar bajo el esplendor del sol gracias a todas las demás flores de jardín.
El jardín de mi vida, el que cuido, el que admiro, el que está compuesto por un sin fin de colores y sabores y deleites. El jardín que tiene hiedra y yerbas y ojas muertas.
La dualidad de la tierra y el cielo que nutren a mi jardín.
Y cada vez que huela a tierra mojada voy a pensar en el jardín que ya no visito, el jardín en el que ya no voy a vivir, porque voy a estar muy ocupada siendo fruta madura en algún otro lado.